Juego y tiempo libre. Actividad lúdica: fundamental en el desarrollo integral de la persona

Imma Marín Santiago, Asesora pedagógica de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes y Directora técnica del portal Ludomecum.com nos presenta esta reflesión.

La sociedad del ocio

Los cambios socioculturales que se vienen gestando en estos últimos años, en los países desarrollados, han provocado una profunda modificación no sólo de las condiciones de vida, sino del mismo concepto de infancia y familia. Los valores materialistas de mediados del siglo XX, basados en la seguridad económica y en la mejora de la calidad de vida, nos han conducido a una sociedad del siglo XXI más rica y con la primacía de valores propios de la sociedad del bienestar.

En esta sociedad del bienestar, una de las conquistas sociales desde el punto de vista tanto educativo como humano, ha sido la reivindicación del tiempo libre como un espacio con valor específico propio.

Tiempo de actividad lúdica, tiempo de JUEGO

Ese tiempo libre lo hemos ido configurando como un espacio de transformación social, de crecimiento individual y colectivo, de expresión cultural, y de participación. Tiempo por excelencia de desarrollo de la actividad lúdica, entendida como el conjunto de actividades libres, placenteras y gratuitas, en el sentido más estricto de la palabra, es decir, sin finalidad aparente.

La actividad lúdica posibilita a la persona su desarrollo integral: crecer por dentro y por fuera, disfrutar de la naturaleza, el arte, los otros, e incluso, de uno mismo, y se caracteriza por su capacidad de JUEGO (de ahí el adjetivo lúdico unido a actividad).

Mediante el juego interiorizamos las normas y pautas de comportamiento social, hacemos propios valores y actitudes, despertamos la curiosidad, motor de aprendizaje, etc. De alguna manera, aquello que hemos aprendido y hemos vivido se hace, mediante el JUEGO, realmente nuestro, sedimenta y a la vez emerge, se transforma en experiencia y nos forma.

Es el JUEGO, entendido como actitud existencial, como manera LIBRE, PLACENTERA Y GRATUITA de abordar la vida, que se puede aplicar a todo sin corresponder específicamente a nada, lo que nos hace personas capaces de descubrir, conocer y desear la vida. Sin duda, aspiraciones altamente "educativas".

 

Tiempo libre, tiempo ocupado

 

Sin embargo, ¿tienen realmente tiempo libre los niños? ¿No es cierto, que en nuestra sociedad del tiempo libre, los niños tienen cada vez el tiempo más ocupado?

El desarrollo económico, las nuevas estrategias de comunicación, la influencia de los mas media y los rápidos y espectaculares avances tecnológicos, están provocando en nuestra sociedad cambios de hábitos que afectan plenamente a las maneras de vivir y a las maneras de entender el tiempo libre, sobre todo infantil.

Estos cambios han influido en la oferta infantil del tiempo libre, orientado ésta a actividades que podríamos llamar "más productivas", con una finalidad clara hacia el aprendizaje de contenidos. La sociedad es cada vez más competitiva, está más preocupada por desarrollar contenidos que habilidades tan importantes como las sociales.

El concepto de persona ha ido cambiando hacia un modelo en que prima la eficacia, el ser el primero, el ser el mejor, descuidando aspectos básicos de la persona como los valores o las actitudes o su capacidad de ser feliz.
Las necesidades horarias de los padres, sumadas, entre otras, a la influencia del pensamiento competitivo, nos lleva a organizar la agenda de nuestros niños como si se tratara de ministros. Su tiempo libre deja de ser libre para ellos y se "llena" de todo aquello que para nuestra sociedad tiene valor. Y, el juego, desgraciadamente, no se percibe como algo realmente de valor educativo para ellos.

Parece pues, que socialmente entendemos como más educativas aquellas actividades más productivas. Se oye demasiado a menudo la frase de algunos padres de apuntar a sus hijos a actividades en las que "no pierdan el tiempo" y "les enseñen algo útil". ¿Estamos pues convencidos que una actividad "educativa", significa una actividad "rentable, útil"?

Si no permitimos a los niños y niñas que desarrollen sus capacidades, sus gustos, sus intereses (y no los nuestros desde la óptica adulta), no sólo estamos cuartando su libertad, sino además estamos limitando sus capacidades ¿Que hubiera sido de Picasso si le hubieran obligado a seguir clases de violín y a dejar de jugar haciendo garabatos en los papeles?

Tiempo libre: tiempo de jugar por jugar

Jugar es una necesidad, un impulso vital que nos empuja a descubrir, desde la infancia, todo lo que nos rodea. Desde que nacemos, somos una fuente inagotable de actividad: mirar, tocar, manipular, curiosear, experimentar, inventar, expresar, soñar… en definitiva jugar. Nadie discute la capacidad educativa del juego como fuente de aprendizajes, ni como actividad fundamental en el tiempo libre de los niños y niñas.

En palabras de R. Dinello "El juego, por su propia definición, no tiene otra finalidad que la alegría y el placer de jugar". En definitiva, se juega porque se juega, sin esperar resultado alguno fuera del propio juego.

El juego adquiere en la infancia un valor psicopedagógico evidente:
- proporciona placer y satisfacción
- estimula el espíritu de superación personal delante de los retos
- supone la posibilidad de expresar sentimientos liberando tensiones psíquicas
- favorece un sano equilibrio emocional
- favorece la interiorización de normas y pautas sociales
- desarrolla la capacidad creativa
- estimula la creación de defensas contra la frustración
- desarrolla las capacidades motrices, cognitivas, sociales y afectivas

 

Pero, hay más. El juego aparece como uno de los derechos de los niños dentro de la Convención de los Derechos de la Infancia y cada vez más, pedagogos, psicólogos e incluso pediatras relacionan el juego con la salud, ya que un niño que juega es un niño sano, tanto des del punto de vista físico, como psicológico.

Es pues responsabilidad de toda la sociedad garantizar ese derecho y hacerlo en las mejores condiciones posibles.

Esto significa, ni más ni menos que propiciar espacios de juego en las casas, en las escuelas y en los pueblos y ciudades que resultan seguros y estimulantes, dedicar tiempo al juego equilibrándolo e incluso priorizándolo a otras actividades aparentemente más productivas, facilitar el encuentro de los niños y niñas con otros ya que siempre resulta más divertido y "productivo" el juego compartido que el juego en solitario y disponer de una variedad y rica selección de juegos y juguetes adecuados a la edad de los niños y de calidad.

Es evidente que si JUGAR es una actividad tan importante en el desarrollo integral de los niños y niñas, los padres, educadores y maestros, debemos detenernos a seleccionar con criterio los mejores juguetes para nuestros hijos, de la misma manera que nos preocupa su alimentación o su salud.

Y por último, los niños y niñas necesitan contar con adultos alegres, con sentido del humor, dispuestos a compartir su tiempo libre con ellos y sobretodo a divertirse juntos.

Porque los adultos también necesitamos JUGAR o lo que es lo mismo disfrutar observando, escuchando, riendo, imaginando, creando, experimentando, soñando, compitiendo, cooperando…. Sin esperar ningún otro beneficio que el placer de disfrutarlo.

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